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Mary Shelley, la mujer que creó a Frankenstein

Parece que el cine se va dejando llevar por esta ola de feminismo bien entendido que ha emergido durante este último año en diferentes àmbitos de nuestra sociedad.  Y ha sido una mujer, Haifaa Al Mansour quien nos cuenta la dramática historia de la autora de uno de los libros más leídos de todos los tiempos: Frankenstein.

Mary Wollstonecraft Godwin es una joven de dieciseis años (Elle Faning) que, tras conocer al carismático poeta Percy Shelley, un hombre con ideas avanzadas para la época, se enamora a primera vista. A pesar de la diferencia de edad inician un romance, que se complica cuando la familia de Mary lo descubre, prohibiendo que ambos vuelvan a verse. Después de muchos avances y retrocesos y piedras en el camino consiguen estar juntos formando un cálido trio con la hermanastra de Mary.

Todo embilece cuando entra en escena Lord Byron que deja embarazada a la hermanastra mientras se encama con Percy Shelley (muy a favor de la libertad sexual) y se enfrenta intelectualmente con Mary. Es en casa de Byron donde nace la idea de escribir un cuento que en caso de Mary desemboca en Frankenstein.

Pero lo importante de la historia, desde mi punto de vista, que es la lucha de la escritora para que se le reconozca la autoría del libro es tratado muy deprisa en el film. Creo que AlMansour dedica demasiado metraje a la historia de infortunios de los Shelley para querer explicar la reivindicación feminista de la protagonista en cinco minutos. Después de ver el filme queda claro que veces es tan interesante la historia detrás de la obra como la obra  Misma. En el fondo no deja de ser la lucha de una artista para conseguir el reconocimiento en un mundo de hombres. Y lo mejor de la historia es que Mary empieza a escribir de verdad cuando ya no tiene nada que perder y allí empieza otra historia…

 

 

 

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Ladybird, un pájaro que quiere volar

No sé por donde empezar a hablar de esta pequeña pieza de orfebrería de Greta Gerwig. Siendo un retrato del paso de niñez a la adolescencia, la cineasta norteamericana lo plasma desde un punto de vista sincero y sin dramas ni tragedias, como la canción de Fangoria. La historia es sencilla: una chica de Sacramento piensa en su futuro mientras nos acerca a sus preocupaciones adolescentes. Estamos en 2002 y planea sobre la cinta los todavía efectos del 11-s.

 

Ladybird no muestra nada nuevo de las difíciles relaciones que se establecen entre una madre y una hija en su etapa adolescente. Pero si lo hace de un modo desacomplejado y optimista ya que la protagonista quiere volar, literalmente, salir volando de Sacramento y ve en la Universidad esa oportunidad de escapar de un estado sin futuro y sin nada especial.

 

Saoirse Ronan puede ganar este fin de semana el Oscar a la mejor intérprete femenina por su destacado papel en este film. Pero también lo podría hacer su directora, Greta Gerwig, que con sólo 34 años se ha catapultado a la fama con esta historia humana y auténtica. Sería el colofón a un año de gran reivindicación del feminismo en el mundo del cine y que puede hacer temblar los cimientos de la gran indústria de Hollywood. Sólo otra mujer antes, Kathryn Bigelow, se ha llevado la preciada estatuilla a mejor dirección a casa por su film, En tierra hostil.

En fin, es una historia universal en la que se puede ver reflejada cualquier persona. Jóvenes y maduros. Hombres y mujeres. Cínicos y optimistas. Lady Bird es un film que sabe exactamente qué es y qué quiere hacer en cada momento. Lady Bird no es la historia de Greta Gerwig, sino, de una forma u otra, la de todos nosotros.